Urge intervención de autoridades federales
Por Juan Sabino Cruz
Tecámac, Edomex.— ¿Cuántas vidas más deben perderse para que la empresa ODT tome en serio la seguridad de sus pasajeros?
El accidente ocurrido ayer sobre la autopista México-Pachuca, donde un autobús de la línea ODT terminó volcado tras impactarse contra un automóvil, dejó un saldo preliminar de una persona fallecida y alrededor de 20 lesionados, muchos de ellos pasajeros provenientes de Hidalgo.
El hecho vuelve a poner bajo la lupa la forma en que algunas empresas del transporte de pasajeros permiten que sus unidades sean conducidas a velocidades que parecen más propias de una pista de carreras que de una carretera donde viajan familias, estudiantes, trabajadores y adultos mayores.
Entre usuarios de esta ruta son frecuentes los señalamientos sobre autobuses que circulan a exceso de velocidad, realizan maniobras imprudentes y hasta rebasan utilizando el acotamiento, conductas que representan un riesgo no solamente para quienes viajan a bordo, sino también para todos los automovilistas que comparten la vía.
Y aquí surge una pregunta que las autoridades y la propia empresa deben responder: ¿quién supervisa realmente la conducta de los operadores?
No se trata de responsabilizar de manera anticipada al conductor involucrado en el accidente de ayer. Serán las autoridades quienes determinen las causas del percance y establezcan las responsabilidades correspondientes. Pero tampoco puede ignorarse un problema que los propios usuarios han denunciado reiteradamente: la conducción temeraria de algunos operadores del transporte público.
Un autobús de pasajeros no es cualquier vehículo. Es una unidad que puede transportar a decenas de personas y cuyo conductor tiene literalmente la vida de todos ellos en sus manos.
Por ello, la empresa ODT debería explicar qué controles aplica para seleccionar, capacitar, supervisar y sancionar a sus operadores. También sería pertinente que las autoridades revisen las condiciones mecánicas de las unidades, jornadas laborales, sistemas de monitoreo de velocidad y antecedentes de los conductores.
Un problema similar se vive en la empresa transportista que identifican como “Los Tizayucos”.
Porque si la prioridad es llegar rápido para cumplir horarios o realizar más viajes, pero se deja en segundo plano la seguridad, entonces el costo puede ser irreversible.
Ayer fue una persona la que perdió la vida. Veinte más resultaron lesionadas.
No se debe esperar a que ocurra una tragedia todavía mayor para comenzar a exigir responsabilidades y medidas de prevención.
Los pasajeros no compran solamente un boleto: confían su vida a la empresa transportista y a quien se encuentra detrás del volante. Esa confianza no puede quedar al margen por la prisa, la negligencia o la falta de supervisión.
Foto cortesía de Andrés Reyes.
