En la capital del estado de Hidalgo ya no sorprende la lluvia. Lo que sorprende es que, después de tantos años, las autoridades municipales sigan actuando como si las inundaciones fueran inevitables.
Basta una tormenta de una hora para que avenidas colapsen, vehículos queden varados, comercios pierdan mercancía y familias enteras vean entrar el agua en sus hogares. Cada temporada ocurre lo mismo, fotografías de funcionarios recorriendo zonas afectadas, promesas de desazolve y discursos culpando a la ciudadanía por tirar basura. Después desaparecen y se les vuelve a ver hasta la siguiente inundación.
Las lluvias de junio de 2025 dejaron severas afectaciones en Pachuca y Mineral de la Reforma. Hubo cierre de carreteras como la México–Pachuca, autos dañados, avenidas convertidas en ríos y más de 600 damnificados en Hidalgo, según datos oficiales.
La Central de Abastos de Pachuca terminó bajo más de 40 centímetros de agua. Comerciantes perdieron mercancía y suspendieron actividades mientras intentaban sacar el agua con escobas y jaladores.
Y aun así, el discurso institucional sigue siendo el mismo, “la culpa es de la basura”.
Las autoridades aseguran que hasta el 60% de los residuos retirados de drenes son plásticos, muebles, llantas y hasta electrodomésticos. Pero reducir todo a eso es una forma de esconder el verdadero problema, Pachuca creció sin infraestructura suficiente y durante años se dejó deteriorar el drenaje mientras se autorizaban fraccionamientos, plazas y vialidades donde antes existían zonas naturales de absorción.
Porque si el problema fuera únicamente la basura, entonces no colapsarían avenidas completas cada vez que cae una tormenta intensa.
La realidad es más incómoda, hay colectores insuficientes, drenajes obsoletos y una planeación urbana rebasada.
Y hay otra verdad que pocas veces se dice, en muchas colonias el servicio de recolección de basura es irregular o insuficiente. Hay zonas donde las bolsas permanecen durante horas o días en la calle esperando al camión recolector. Después llega la lluvia, arrastra todo y el gobierno encuentra el pretexto perfecto para deslindarse.
La lluvia no exhibe únicamente la falta de cultura cívica. Exhibe décadas de abandono institucional.
Pachuca no se inunda porque llueva demasiado. Se inunda porque nadie quiso invertir a tiempo en una infraestructura capaz de soportar el crecimiento de la ciudad. Y mientras las autoridades sigan administrando emergencias en lugar de prevenirlas, cada tormenta seguirá convirtiéndose en el mismo desastre anunciado.

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