Un punto obligado a visitar para recordar
Por Juan Sabino Cruz
APAN, Hgo. – Entre el golpeteo de las prendas contra la piedra, el correr del agua y las historias transmitidas de generación en generación, los antiguos Lavaderos Públicos de Apan sobreviven como uno de los sitios más emblemáticos de esta ciudad, convertidos en testigos de una época en la que lavar la ropa también significaba reunirse, conversar y compartir la vida cotidiana.
Algunos cuentan que en ese lugar también se tejieron historias de amor limpio, sano, verdadero, pero también, bajo el oscuro manto de la noche, hubo atrevidos que escapaban de sus hogares para dar rienda suelta a tórridos romances prohibidos.
Ubicados sobre la calle Aldama, a unos pasos de la calle Guerrero y del primer cuadro de Apan, los lavaderos conocidos como “La Reforma” forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Una placa colocada en el inmueble señala la fecha 29 de junio de 1906, considerada como la inauguración de los lavaderos “La Reforma”, tal como actualmente se conocen.
Sin embargo, la historia del agua y del lugar se remonta al año 1700. De acuerdo con testimonios de antiguos habitantes, el sitio habría recibido agua proveniente de Almoloya, a través de un antiguo sistema de conducción que llegaba hasta Apan. Una fuente local recoge testimonios de vecinos que recuerdan que el agua procedía de Almoloya.
Donde las mujeres iban a lavar y también a conversar
Durante décadas, los lavaderos fueron mucho más que un espacio destinado a la limpieza de la ropa. Ante la falta de agua corriente en numerosos hogares, mujeres de Apan y de comunidades cercanas acudían al lugar con sus cubetas y prendas.
Los testimonios recopilados entre antiguos vecinos describen cómo era necesario levantarse temprano para conseguir un lavadero, pues en determinados momentos todos estaban ocupados. Incluso las mujeres aprovechaban los espacios cercanos para tender las prendas y dejarlas secar al sol.
Pero mientras la ropa quedaba limpia, también circulaban las noticias del pueblo. Los lavaderos fueron durante mucho tiempo un punto de encuentro y conversación, algo así como el WhatsApp de la actualidad, al grado de que surgió la conocida expresión “pareces de los lavaderos”, relacionada con los comentarios y rumores que, según los propios habitantes, se propagaban desde este sitio.
El rincón donde, dicen, aparece La Llorona
Y cuando cae la noche, la historia de los lavaderos adquiere otra dimensión.
Entre las leyendas más conocidas de Apan se encuentra la de La Llorona, cuya supuesta aparición habría ocurrido precisamente en este sitio.
La tradición cuenta que una mujer vestida de blanco era vista por enamorados o quienes pasaban por los lavaderos durante la noche. Algunos aseguraban haber escuchado sus lamentos y, al acercarse, descubrían que aquella misteriosa figura no tenía el rostro de una mujer común.
Como ocurre con muchas leyendas populares, existen diferentes versiones y ninguna puede ser considerada un hecho comprobado. Pero la historia permanece viva en la memoria de los apanenses y forma parte del folclor que rodea a este antiguo inmueble.
Más de un siglo y todavía tienen utilidad
Aunque los tiempos cambiaron y el agua potable llegó a muchos hogares, los lavaderos no perdieron completamente su razón de existir.
Un testimonio recopilado hace dos décadas señalaba que habitantes de comunidades como Chimalpa, Acopinalco y Los Voladores todavía acudían al lugar cuando enfrentaban problemas de abastecimiento de agua.
Es decir, los lavaderos dejaron de ser una necesidad cotidiana para convertirse en una especie de reserva histórica y funcional, utilizada especialmente cuando el suministro doméstico escasea.
Su permanencia tampoco ha pasado inadvertida para las autoridades municipales. Documentación oficial reciente del Ayuntamiento de Apan registra a los Lavaderos Públicos “La Reforma” entre los sitios que han recibido trabajos de rehabilitación.
Hoy, más de un siglo después de la fecha inscrita en su placa, este sitio continúa formando parte del paisaje urbano y de la identidad de Apan.
Los Lavaderos de La Reforma son, en realidad, un pedazo de historia viva: ahí se lavó ropa, se hicieron amistades, se transmitieron rumores, se contaron historias y, según la leyenda, hasta se escucharon los lamentos de una mujer que nunca encontró descanso.
Por eso, más que un conjunto de antiguos lavaderos, representan un espacio que merece ser conservado y conocido por las nuevas generaciones. Porque mientras siga corriendo el agua por sus piedras, también continuará corriendo la memoria de un Apan que ya no existe, pero que se resiste a desaparecer.
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