El ser docente, hoy en día, implica un alto grado de resiliencia, pues, a pesar de que la educación es el elemento que puede mejorar nuestra sociedad, se le ha dado el mínimo apoyo en nuestro país.
Para nuestras autoridades existen prioridades más importantes que salvaguardar la educación del país. Mientras la atención está centrada en el Mundial de Fútbol y todos los recursos y apoyos están a disposición para que este evento se lleve a cabo sin contratiempos, existe otra realidad que vulnera un derecho fundamental y afecta a toda la población.
Se planteó la idea de suspender clases bajo argumentos climáticos que suavizaban las verdaderas intenciones de dar prioridad al Mundial, sin medir el impacto ni las afectaciones que esto podría generar en el sector educativo.
Esto es producto de la imposición de un líder educativo sin vocación docente, cuyas decisiones resultan desconsideradas con quienes verdaderamente participan en la formación de las nuevas generaciones en nuestro país.
Esto solo es la punta del iceberg, pues la comunidad educativa enfrentaría un efecto colateral inminente: el rezago educativo.
Aunado a ello, los docentes ya enfrentan múltiples desafíos: las exigencias en la formación del alumnado, los malos tratos por parte de jefes, padres de familia y alumnos, las deficientes gestiones de las autoridades, los bajos salarios, las horas extras no pagadas, la falta de pago durante vacaciones y la competencia laboral desleal, entre muchos otros problemas.
El docente del sector público puede tener un camino menos complicado en comparación con el docente del sector privado, cuyos desafíos suelen ser mayores debido a la poca atención que reciben por parte de las autoridades educativas. La situación del docente rural es aún más complicada, pues frecuentemente permanece en el abandono y la invisibilidad institucional.
Lo que para muchos parece solo trabajar con “plumoncitos y un pizarrón”, para otros representa el trabajo de toda una vida. Implica años de esfuerzo y preparación, formar seres humanos, compartir conocimientos útiles para la vida, realizar planeaciones y evaluaciones en horas de descanso, soportar malos tratos de superiores que desconocen la labor docente y enfrentar dificultades económicas durante vacaciones o días sin remuneración.
Ser docente hoy implica sacrificio, vocación y valentía, pues no solo se enfrentan los problemas del aula y del ámbito laboral, sino también el descontento social por no formar personas que, en muchos casos, las familias se han negado a educar. Además, se afrontan desigualdades laborales y salariales abismales en comparación con otras profesiones, así como la incertidumbre provocada por decisiones y gestiones deficientes que terminan por desmotivar la labor docente.
La profesión docente necesita una verdadera revalorización, comenzando por el propio gremio, el cual debe exigir mejores condiciones laborales y una representación auténtica de todos los sectores educativos: público, privado y rural.
