Metal Político

Por Antares Cervantes
TEPEAPULCO, Hgo. – Hace unos años en la historia política municipal de México, era muy común ver principalmente en los gobiernos tricolores que al iniciar una administración se incorporara a numerosos asesores y personal de confianza como parte de los equilibrios internos del poder. Más que una necesidad técnica, esta práctica respondía a compromisos políticos y generaba nóminas abultadas, funciones poco definidas y alto gasto corriente. Por ello, cuando hoy se observa una estructura municipal que privilegia figuras de asesoría sobre cuadros técnicos consolidados, el paralelismo histórico surge de forma natural como referencia a un modelo de gobernanza que el país ha buscado superar en favor de mayor eficiencia y profesionalización.
Hace unos días, debido a una lamentable e irreparable pérdida, una nueva figura asumió el cargo de presidente municipal y en pocas semanas se han observado cambios acelerados en titulares de direcciones clave, estos directores al igual que el alcalde vienen acompañados de asesores personales. La pregunta que surge es inevitable: ¿es necesaria esta estructura paralela de asesoría para que funcionen las direcciones municipales?
Si un director requiere un asesor para cumplir con su función, no solo exhibe la falta de oficio y la incapacidad de los titulares, demuestra que se sigue aumentando la nómina en un gobierno municipal con recursos limitados, la multiplicación de figuras de asesoría suele interpretarse como una carga al gasto corriente que no necesariamente se traduce en mejores servicios públicos.
A ello se suma un antecedente reciente que inquieta a parte de la opinión local, el relevo en una de las áreas más importantes, que desde un inicio necesitaba un perfil adecuado y apto para su desarrollo y en su lugar pusieron de titular a un médico que, según señalamientos ciudadanos y revisiones en curso por instancias fiscalizadoras, habría privilegiado la organización de eventos y ferias por encima de la planeación estratégica del municipio, sin proyectos sólidos, sin autorización de regidores y sin seguir los procedimientos correspondientes. Aunque las investigaciones siguen su curso y corresponde a la autoridad determinar responsabilidades, el contexto genera suspicacia ya que este médico con su ineptitud y avaricia tenía al ayuntamiento paralizado, lo dejaban inmiscuirse en todas las dependencias y coordinaba al menos cuatro áreas, obviamente, siempre hizo todo de manera deficiente. Aunque ya fue despedido en medio de cuestionamientos y señalamientos por un pésimo trabajo y diversas anomalías.
El punto no es la profesión, sino varios de los nuevos perfiles que se integran al ayuntamiento no son originarios del municipio, algunos son tricolores despedidos por no cumplir con sus funciones en sus anteriores trabajos, tipos que hablan más de lo que han hecho y todo esto alimenta la inquietud ciudadana.
La figura del asesor, históricamente asociada a gobiernos con nóminas pesadas y estructuras poco eficientes, reaparece como síntoma de un estilo de administración que muchos creían superado.
En un municipio con retos en servicios, infraestructura y desarrollo económico, la ciudadanía espera prontos resultados.

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