*Entre los distintos nombres que recibía, se encuentran tzinacan en náhuatl; para los pueblos mayas, era conocido como zotz, que significa “pelo” o
“piel”; mientras que en zapoteco se le llamaba bigidiri zinia, o “mariposa de carne”
Pachuca de Soto, Hidalgo. – En las culturas mesoamericanas, el murciélago estaba asociado con lo femenino, el
inframundo y el sacrificio; sin embargo, estos conceptos no tenían la connotación negativa o maligna que hoy suelen
atribuirse a estas especies, explicó Monserrat Camacho Ángeles, profesora investigadora del Área Académica de Historia
y Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
La docente del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) señaló que, mediante códices, esculturas y cerámica
prehispánica, así como el trabajo de epigrafistas y la preservación del conocimiento por frailes como Bernardino de
Sahagún, es posible comprender cómo los pueblos originarios de México y Centroamérica entendían el universo, su
origen, estructura y evolución, desde una perspectiva divina y científica.
La también coordinadora de la Licenciatura en Historia destacó que, en la iconografía mesoamericana, los quirópteros,
conocidos comúnmente como murciélagos, aparecen sosteniendo en una mano una cabeza y en la otra un corazón.
En otras manifestaciones simbólicas, portan un técpatl, conocido como cuchillo de pedernal o de sacrificio, relacionando
a estos mamíferos alados con la decapitación y el ritual de sacrificio.
A pesar de ello, entre los pueblos prehispánicos, el derramamiento de sangre en los rituales se consideraba una ofrenda
para alimentar a las deidades, con el objetivo de asegurar buenas cosechas y prevenir catástrofes naturales, como
heladas que destruyeran el maíz. Esto indica que no se percibía a estos animales como malignos, como suele
interpretarse hoy en Occidente.
Dentro de la cosmogonía ancestral, este animal desempeñaba el papel de deidad del inframundo, mensajero de los
dioses, dador de la vida y también capaz de quitarla. Por esta razón, se le vinculaba con la fertilidad, especialmente
femenina, así como con la tierra y el maíz. Toda esta visión está documentada en códices como Borgia, Florentino,
Vaticano B, Fejérváry-Mayer y Porfirio Díaz.
En conclusión, la mayoría de las representaciones muestran la gran hoja nasal característica de la familia Phyllostomidae,
con especies que se alimentan de frutas, insectos, néctar e incluso sangre. De igual manera, se pueden observar rostros
alargados característicos de los principales polinizadores de agaves y cactáceas en el país; la cara arrugada del Centurio
senex; así como los colmillos afilados y el gran tamaño del raro murciélago espectral.

Share.