Sobre el cálculo crítico del método democrático

Por Ivan Espino Pichardo

El método democrático está integrado con la crítica inagotable de sí mismo y en su reinvención constante como el proyecto inacabable e inacabado de la igualdad, la autonomía y la emancipación, ello permite incluir a todas las voces, abrazar la diversidad, fortalecer alianzas entre quienes comparten las mismas aspiraciones y trazar líneas de comunicación respetuosas entre quienes piensan diametralmente opuesto. Es un método que incluye a todas las personas, que busca hacer real las libertades, trasparentar y deliberar las decisiones nacionales.

Sin embargo, a ese método se le han sumado adjetivos y factores que, en algunos casos, han frenado o han hecho retroceder aspiraciones comunes: igualdad, libertad, dignidad y justicia. De acuerdo con en el Latinobarómetro 2017, México y Venezuela son en la región los países que menor aprecio sienten por la democracia. Entre el 2015 y el 2017 el número de personas en México que consideró a la democracia como “la mejor forma de gobierno” cayó del 71% al 56% y sólo uno de cada cuatro mexicanos está satisfecho con los resultados de este tipo de régimen.

Esos datos reflejan que nuestro método está dando la apariencia de no responder a nuestras aspiraciones de igualdad, libertad y justicia, que superficialmente las adversidades sociales no han cesado, revelando que los ciudadanos no sienten que son ellos los que toman las decisiones en su propia casa: su país; esto es, el motor que hace posible el ejercicio del Supremo Poder (el pueblo) no está dando los resultados ideales para que los ciudadanos sientan que son los tomadores de decisiones más importantes. Por lo que, con las políticas públicas emergentes, las resoluciones del poder judicial, nuevas leyes o con la reforma de las existentes, en apariencia, no se ha logrado materializar, hasta ahora, la fórmula de Gettysburg acuñada por Abraham Lincoln: la democracia es el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

     Los ciudadanos deben tener la percepción que son ellos los que están tomando las decisiones, que existe una participación efectiva en la que están incluidos y que lo consensuado ahí es determinante para el progreso de la nación. Se debe construir una democratización fundamental, como lo pensó Mannhein, para incluir a todos los grupos humanos cada vez más amplios en la toma de decisiones políticas, basadas en las aspiraciones de participar políticamente y formar parte del poder social y político (con la reserva de la dimensión sustancial de la democracia, para el efectivo ejercicio de los derechos fundamentales y de los principios establecidos en el orden Constitucional).

Nuestro método (la democracia) articula un sistema complejo de instituciones, procedimientos, derechos y responsabilidades insertados en normas jurídicas que con reglas, principios, valores y directrices procuran la función de una república democrática representativa, con personas elegidas de manera periódica, libre, auténtica, competitiva, por sufragio universal e igualitario, para tomar las decisiones de todo un pueblo, pero además, se ha apostado a vivir una democracia más allá de la estructura jurídica y del régimen político, para apreciarla como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo, hasta ahora nuestra mejor idea y tenemos el deber histórico y social de protegerla y defenderla.

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1 Respuesta

  1. Enrique Ibarra dice:

    Doctor Iván Espino. El factor que divide a un pueblo con democracia lo podríamos resumir en dos puntos: cultura y metodología. Aspectos que lamentablemente carecemos en México.
    Cultura no hay y los críticos oficialistas de cualquier sistema político ramplón lo justifican con los usos y costumbres, que no es lo mismo.
    El método o trabajar metodologicamente en México, no existe y menos en el sector público en donde los políticos resuelven y revuelven todo desde las “rodillas” y ejemplos hay al por mayor.
    Excelente artículo felicidades. El Ombudsman

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